Después de un robo inesperado el año pasado en Quito, regresamos a Argentina unos meses a trabajar y a sacarnos el mal momento de encima. Hoy nuevamente salimos al camino, aunque se viaje una y mil veces, siempre cuesta un poco volver a salir, somos bichos de costumbre, así como nos adaptamos a estar lejos de casa y de los afectos, también nos sucede cuando estamos en la zona de confort. Cruzar la frontera entre esa seguridad y el misterio de viajar, el largarse a lo desconocido, cuesta un poco cada vez que lo hacemos. Pero justamente ahí es donde ocurre el encanto de animarse a salir de la comodidad, de dejarse sorprender por las cosas diferentes que nos suceden cada día viajando.
